A los que llaman héroe a Emilio Gutiérrez

Vaya por delante que yo también comprendo a Emilio, entiendo su acto de rabia acumulada, en primer lugar porque ha visto su casa destrozada y a su familia en peligro y además por el odio que se va transmitiendo sutil o no tan sutilmente a través de los medios y de los políticos. Y vaya por delante también que, ante un acto tan humano, la izquierda abertzale debería haberse callado la boca y dejarse de concentraciones y manifestaciones que sólo pretenden amedrentar a una persona herida.

Dicho esto, leer lo que estoy leyendo por aquí y por allá estos días me da a entender que el entusiasmo de algunos porque haya un enfrentamiento civil en Euskal Herria supera a su prudencia. Evidentemente, que los vascos nos matemos entre nosotros es el escenario ideal para la derecha española: ya se sabe que cuanto peor mejor, y ya se encargarán ellos de recoger los restos de lo que quede (o de lo que deje el ejercito español) para que de las cenizas surja un País Vasco sumiso a sus intereses. Pero parece que no se dan cuenta de que con sus declaraciones, panfletos y proclamas justificando esa violencia lo único que hacen es dar argumentos a ETA. Es tan sencillo que no entiendo cómo mentes tan preclaras no han caído en la cuenta. Hagamos un experimento, vamos a coger un párrafo de uno de esos panfletos e imaginemos que no lo ha escrito por ejemplo Agapito Maestre en Libertad Digital, simplemente dándole la vuelta:

“Un paisano de Lazcano ha destrozado una “sede del PP” valiéndose de una maza. Pero los cobardes españolistas, como no podía esperarse otra cosa de este personal, han metido en la cárcel al único paisano que ha respondido con valor a la opresión del Estado Español contra nuestro pueblo. Han encerrado al hombre de la maza y con él han querido matar la dignidad de un hombre con coraje. Nadie me hallará nunca alentando a la violencia, pero jamás seré el último en reconocer una muestra de valor, incluso de coraje violento. Desconozco si existe o no algún tipo de violencia liberadora, pero creo haberla vislumbrado al leer la noticia sobre ese hombre que ha arremetido contra un local del españolismo a plena luz del día.”

Bueno, si eso no es alentar la violencia… Pero lo importante aquí es que no se dan cuenta de que en realidad justificar y jalear el acto de Emilio Gutierrez es justificar los actos de violencia en general, basándose en que la frustración y la rabia dan patente de corso para cualquier tipo de acción. Si es así, si ahora resulta que la fuerza es una vía válida para resolver los problemas, basándonos en una supuesta defensa propia, por las leyes más elementales de la lógica da igual tanto la de unos como la de los otros. ¿O es que va a resultar que los autodenominados demócratas sólo lo son mientras mantengan el monopolio de la coacción? Ah, bueno, haberlo dicho antes. O sea que las manos blancas, la paz y todo eso sólo sirven mientras sea como ellos quieran, vale. ¿La frustración y la rabia del nacionalismo español vale más que la del nacionalismo vasco? ¿Sois capaces de comprender la frustración y la rabia del que se siente invadido? Y si es por justificar para mí no es lo mismo la frustración y la rabia de los que desean decidir libremente el futuro de su país que los que quieren mantener a toda costa un territorio en una entidad en la que buena parte de sus habitantes no desea estar.

Porque con los sentimientos de pertenencia podemos jugar todos, porque el sentimiento existe, es algo objetivo, real, cierto… no se puede negar lo que siente Emilio igual que no se puede negar lo que sienten cientos de miles de abertzales. Y es sentimiento contra sentimiento. Y ante eso, si se quiere llegar a alguna parte, habrá que oponer la racionalidad. Pero lo que no vale es decir lo mío es la razón lo vuestro es la locura porque ambas partes puede esgrimir el mismo argumento. España siempre ha sido un amante celoso y posesivo con esta tierra, el típico amante que en realidad no acepta a su amada como es, y quiere cambiarla a su imagen y semejanza. Pero nada ha funcionado, ni el palo y la zanahoria, ni las políticas de inmigración masiva, ni el colonialismo de libro, ni los intentos de aculturación. Por alguna razón este pueblo se ha mantenido fiel a sí mismo contra viento y marea, y quieran o no quieran los que desde la meseta no comprenden cómo es posible que aún no hayamos caído en los placeres de la españolidad, parece que va a seguir siendo así.

Yo espero que ETA se acabe cuanto antes, en primer lugar porque no creo en la violencia, y que se acabe sin condiciones, porque es la única manera práctica de que lo haga. Pero además quiero que se acabe porque en este momento es uno de los mayores obstáculos para cualquier acto de autodeterminación que podamos realizar los vascos. Porque en realidad parece que están haciendo el juego al nacionalismo español, que a su vez es el más interesado en que ETA no se acabe. En realidad se retroalimentan mutuamente los unos y los otros. A los violentos les sirve de coartada perfecta para seguir igual. Para la derecha española es perfecto: mantienen un régimen de semicolonialismo, dan una imagen de fuerza y “orden” como a ellos les gusta, les da votos y a algunos hasta les da dinero con sus empresas de seguridad y escoltas. ¿Alguien da más? Pero ETA, siento deciros, no es el problema. ETA es un intento de solución equivocado, desesperado, para los que no ven otra salida. Si fuera el problema hace tiempo que habría desaparecido. Dadnos una posibilidad de solución en vez de alentar una guerra civil y podremos vivir en paz.

Así que a los que llaman héroe a Emilio Gutiérrez que sepan que aquí también muchos llaman héroes a los miembros de ETA y por las mismas razones. Creo que es mejor no jugar con ese fuego porque al final podemos salir todos quemados. Pensad un poco, mirad más allá de vuestras narices, dadle la vuelta a vuestros argumentos por un instante y veréis que son lo mismo. Tened empatía no sólo con una parte, sino con las dos, en vez de ver siempre esta tierra como vuestra propiedad. Puede que ese fuera el principio del fin de todo esto.

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