Locura cotidiana

A mí, por ejemplo, me pone como una moto que la gente camine tranquilamente por los carriles bici, junto a una acera enorme, y en muchas ocasiones me da por echar en cara la actitud de ese tipo de sujetos y sujetas. Supongo que me conciencié de este problema en Berlín, donde si pisas un carril bici te expones a que el primero que pase te eche una bronca, y además en alemán, que para las broncas es un idioma estupendo. Curiosamente aquí, en vez de darse cuenta el interfecto o la interfecta del problema que supone incluso para su propia integridad física, normalmente responden con chulería y desdén, y pisan todavía con más ganas el asfalto rojo. Yo acabo echando humo y pensando en que somos unos inciviles estúpidos que deberíamos volver a la selva y me como la cabeza durante un buen rato. ¿Estoy o no estoy como una cabra?

Otro aspecto cotidiano en el que me salgo muy fácilmente de mis casillas es la lucha por la vida en el supermercado, especialmente a la hora de pasar por caja. La señora que tienes delante “casualmente” se encuentra con su vecina Pepi y le dice: “Ponte aquí y pasamos juntas”. PUES NO, señora, NO PASAN JUNTAS. Y la típica ancianita que te pide adelantar, que lleva “ESTO” poco… ¿ESO POCO? Yo también llevo “ESTO” poco. Y cuando estás un buen rato a la cola, esperando pacientemente, y de repente abren otro puesto. La señora cajera al hacerlo especifica claramente que el personal pase por orden según estábamos en las otras filas, pero no, siempre hay algún listillo o listilla que pretende colarse. El resto de la fauna se calla muy a su pesar, pero yo hace tiempo que no me callo ni debajo del agua y digo, lo suficientemente alto para que me oigan en pescadería: “Por orden, ¡¡¡ha dicho p-o-r-o-r-d-e-n!!!” ¿Estoy o no estoy como una cabra?

Y finalmente me hace puré las meninges todo lo que tiene que ver con la conducción incivilizada: los que aparcan en doble fila y acaban obligando a otros a dar bocinazos; los bocinazos mismos, que me ponen de los nervios, sobre todo de los impacientes que no pueden esperar ni por un pequeño atasquito de nada. También los que quitan el aparcamiento a otros, los que llevan el reggaetón, el lolailo o el heavi a tope y con las ventanillas bajadas, los que dejan el coche en la acera, en el parque y hasta en el carril bici, hacen trompos en zona urbana, ponen el coche a tope en las rotondas o lo cogen hasta para ir a mear. Y encima no tengo ni carnet de conducir… ¿Estoy o no estoy como una cabra?

Una buena idea

En el País Vasco hay unos 50.000 perceptores de la RGI (Renta de Garantía de Ingresos) llamada en otras partes renta social básica. Desde mi punto de vista esta ayuda es totalmente positiva siempre y cuando sirva para colaborar en la inserción socio-económica de los ciudadanos y no para perpetuarse en vivir a la sopa boba. Pues bien, precisamente en este sentido, el Gobierno socialista tiene la intención de relacionar la percepción de esta ayuda con las políticas de empleo, incluyendo a los beneficiarios en las bolsas de trabajo de los ayuntamientos (lo que está muy bien ya que así en vez de contratar empresas que se quedan con la plusvalía el dinero irá destinado directamente a los trabajadores) o, si esto no es posible, y es lo más destacable de esta política a mi entender, el condicionar la prestación a la realización de servicios a la comunidad.

Creo que este proyecto tiene un doble valor: Por una parte un factor muy importante para la reinserción socio-laboral es la posibilidad de de sentirse útil, ya que las situaciones de dependencia económica suelen llevar aparejados estados de apatía, pérdida de autoestima, inclinación hacia la marginalidad o incluso depresión. Por otro lado, la sociedad recibirá parte de lo aportado. Además, para los que pretendan chupar de la teta de papá Estado, que los hay, puede ser un interesante incentivo para buscarse la vida de una vez.

Aún no han especificado qué tipo de servicios se pueden incluir en este programa, pero a mí se me ocurren unos cuantos: Colaboración con ONG’s de todo tipo, vigilancia escolar en los recreos para temas de drogodependencias y acoso, apoyo y compañía a ancianos, integración de inmigrantes en sesiones de práctica del idioma y costumbres, etc. Todo ello además en la doble vertiente de que, aparte del servicio que presta la persona, éste le servirá como enriquecimiento personal y socio-cultural lo que facilitará también su inserción.

Por cierto, en 2006 había unas 36.000 personas que cobraban este subsidio y hasta 2008 sólo se incorporaron 3.000 nuevos perceptores al sistema. Sin embargo, en lo que llevamos de 2009 ya son 11.000 más y se espera que en 2010 sumen otros 15.000. Son cifras del Gobierno Vasco… Y algunos todavía andan diciendo que salimos ya de la crisis.

Regeneración democrática

Este sistema político en el que estamos inmersos cada vez se parece mas a una dictadura disfrazada de democracia: dictadura de los partidos en la que parece que a los ciudadanos sólo les queda elegir una y otra vez entre dos malas opciones y además ni siquiera queda la mínima libertad de optar por unas personas o por otras. Y esa dictadura es muy cómoda para los políticos: no se tienen que ganar a la ciudadanía, con hacerle la pelota lo suficiente a su líder pueden ir trepando en el escalafón sin problemas. Y como al final todo se convierte en un entramado de intereses mutuos, nuestros gobernantes se sienten seguros para robar, estafar, corromper y prevaricar, ya que entre todos se sostienen unos a otros como un andamio, mientras mantienen un sistema creado a su medida pero no a la de los ciudadanos.

Fútbol, caza, guerras y gatos

Ayer vi un partido de fútbol, hacía muchos años que no veía uno. De hecho, ahora me pregunto si he visto un partido entero alguna vez en mi vida. Y la verdad es que ni fu ni fa, acabé pensando que era como el tenis pero más lento: balón p’a la derecha, todos corriendo p’a la derecha; balón p’a la izquierda, todos corriendo p’a la izquierda y así to’l rato, una y otra vez. Era mucho más divertido cuando las cámaras apuntaban a las gradas y se veía el ambientazo de los aficionados, así que llegué a la conclusión de que lo divertido del fútbol no está en 22 tipos pagados de sí mismos (y pagados a secas…) corriendo detrás de una pelota, sino de los sufridos seguidores y de las fiestas que organizan con la excusa.

Sin embargo, tampoco entenderé nunca la emoción, la alegría o la pena que experimenta el seguidor de este deporte ni de ningún otro. Cuando se trata de la liga, se supone que uno está adscrito a un equipo que puede representar a tu ciudad o a tu región, pero esto no es imprescindible. Entonces, me pregunto cuál es la motivación profunda que hace que alguien viva el transcurrir de la liga o de la copa y contemple cada partido como si le fuera la vida en ello. ¿Se trata de un instinto ancestral que tiene que ver con el cazador primitivo? Cuando además entran en juego selecciones nacionales quizás el enfrentamiento representa a la propia comunidad frente a las otras y entonces ¿pasaría a ser un sucedáneo de la guerra?

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He oído muchas veces que los deportes son equivalentes a las partidas de guerra o de caza prehistóricas en cuanto a táctica, estrategia, habilidad organizativa, uso de la inteligencia, la astucia y demás.  Es curioso ver cómo un niño pequeño se siente irresistiblemente atraído por un balón desde que es capaz de andar, al igual que un gatito se siente irresistiblemente atraído por una bola de lana. Somos animales cazadores y es posible que a partir del nacimiento de la civilización (que es un pequeño lapso de tiempo en relación a toda la historia humana) a partir del momento en que los humanos nos asentamos y empezamos a cultivar nuestro alimentos, ese instinto cazador solo se pueda manifestar en la guerra y en el deporte, en la primera de forma directa y agresiva y en el segundo de forma sublimada.

Pero entonces, ¿qué pasa con los que odiamos la guerra y nos importa un pito el deporte y mucho menos como meros espectadores pasivos? ¿Somos un escalón más evolucionado de la especie humana?

El charco

Javier y Mari no daban crédito. Son unos padres modernos, un poco alucinados de las dificultades de criar a un niño y un poco blandengues a la hora de ceder a sus requerimientos, pero esto no se lo esperaban. Porque, vamos a ver, qué se le puede pasar por la cabeza a un niño de tres años paseando tranquilamente por la calle para que, de repente, se suelte de la mano de su madre, se acerque a un enorme charco, se aproxime al borde, se quede unos segundos pensando y mirando al agua… y sin dar tiempo a reaccionar a sus perplejos progenitores se tire en plancha en medio del barrizal. ¡Plasssss!

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Seguro que el chaval no se esperaba la poca profundidad del estanque y se asustó, porque se puso a llorar como un descosido. Una vez pasado el susto la situación era cómica. El pobre Javier se metió en el charco hasta los tobillos y sacó al interfecto del agua sucia, pero ya en secano el panorama era desolador: toda la ropa mojada y pringada, a bastante distancia de casa como para coger una pulmonía por el camino, por no hablar de meterlo en el coche chorreando como estaba. ¿Qué hacer?

Mari, que es muy práctica pero un poco histérica, pensó primero que la casa de su amiga Jenny estaba cerca, luego pensó que p’a qué, si la Jenny no tiene hijos y como mucho iban a dejar sequito al niño pero sin ropa que ponerse, total que cogió el móvil para nada porque no hubo respuesta. Entonces si llamo a mi madre y que me traiga algo, pero no vamos a cambiar al pobre en plena calle, mira lo mejor es que vayamos a una tienda y compremos lo que haga falta… Zapatos, calcetines, slip, pantalón, camiseta y sudadera, que impermeable no, que le metemos al coche: 120 €. La tranquilidad de unos padres, no tiene precio.

Hemos perdido la fantasía de la infancia y por tanto la capacidad de comprenderla. La lógica de adultos nos hace pensar que seguramente Jorgito creía que el charco era como la piscina a la que iba una vez por semana para aprender a nadar. Desde luego Javier y Mari, buscando desesperadamente una explicación a la actitud de su retoño, pensaron que eso era lo más coherente. Pero quién sabe… se admiten apuestas.

Sectas, estafas e iglesia

“La Iglesia de la Cienciología podrá seguir operando en Francia aunque deberá ser observada y vigilada con cuidado. (…) El juicio se basó, entre otros, en el testimonio de Aude-Claire Malton, una profesora de guardería que en 1998, cuando ganaba 1.200 euros al mes, gastó, en unos meses, más de 21.000 euros en curas, vitaminas, saunas y aparatos, en teoría salutíferos, exclusivos del grupo, encaminados a mejorar el estado mental y espiritual de la nueva adepta.” (El País, 28-10-09 )

No me gustan las sectas pero menos aún me gusta la hipocresía que rodea a muchos políticos, sociólogos e investigadores sobre este tema. Se acusa a algunas sectas de abducir a sus fieles y separarlos de sus familias que acaban perdiendo todo contacto con ellos. La iglesia católica ha estado haciendo eso mismo durante siglos, y aún hoy día, con la gente que captaba para los conventos de clausura, sin importarles que en muchos casos fueran niños o adolescentes. Se las acusa también de obtener dinero de sus fieles, pero la iglesia católica ha estado haciendo eso mismo durante siglos, y aún hoy día, con diezmos, impuestos eclesiásticos, IRPF, e incluso captando herencias de viudas piadosas que acaban dejando en la ruina a sus herederos. Se acusa ahora a la cienciología de estafa por vender a sus fieles remedios para mejorar su estado espiritual y me pregunto qué ha estado entonces haciendo la iglesia católica con la comunión, y su correspondiente paso del cepillo entre los bancos, y el cobro de misas, bodas, bautizos, funerales e indulgencias.

Se acusa también a algunas sectas de impedir a sus fieles beneficiarse de la medicina moderna pero la iglesia católica puede salir a la calle a hacer manifestaciones contra una ley del aborto que pretende es, entre otras cosas, facilitar la salud mental de muchas mujeres. Se acusa a otras, en fin, de hacer política, y con este último punto mejor ya no digo nada porque ya está todo dicho.

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¿Racismo?

Aunque cada vez menos, desde hace algunos años me muevo en ambientes latinoamericanos con amigos esa procedencia. Debido a eso, en los últimos tiempos he tenido ocasión de escuchar cómo me llamaban racista en público y a grito pelado en tres ocasiones, todas ellas con la sana intención de callarme la boca. La primera, a la salida de un bar, vimos que alguien se había dejado un bolso en la puerta. En principio pensamos que su dueña lo recogería pero tras avanzar unos pasos decidí por seguridad cogerlo yo y dejarlo en la barra. Coincidió que en ese momento salían unas africanas y que el bolso ya no estaba. Amablemente les pregunté si lo habían visto y en ese mismo instante cayeron sobre mí rayos y truenos: ¡Nos estás acusando de ladronas! ¡Porque somos negras! ¡Racista! ¡Eres un racista! ¡Racista! Cuando les hice aquella pregunta no me había dado tiempo de pensar nada todavía. La verdad es que me cogió de sorpresa aquella acusación. Me disculpé pero también me fui de allí pensando que aquella reacción tan furibunda era efectivamente para encubrir la sustracción del bolso.

La segunda fue medio en broma y fue la forma que tuvo un amigo negro de zanjar una discusión conmigo aprovechando que había estado presente en el episodio de las africanas y sabiendo que me había quedado un tanto traumatizado por aquello. Al final nos reímos pero a mi me empezó a quedar un cierto regusto extraño con la tontería del racismo.

Pero a la tercera… También fue en un bar. Había un taburete libre y fui a cogerlo. Unas dominicanas que estaban al lado me dijeron que estaba ocupado. Fui a coger otro y me dijeron que también estaba ocupado. Antes de juzgar mi reacción aclararé que los latinos tienen costumbre de ocupar los taburetes o las sillas de estos establecimientos con ropa o lo que sea y dicen que están ocupados. Nadie les ha avisado de que esos extraños objetos sirven para sentarse y no para dejar las cosas. Pues nada, se me ocurrió decirles que a ver si todos los taburetes eran suyos… y hale, otra vez: “Eres un racista” Pero esta vez no me callé sorprendido. Les solté un discurso muy cabreado sobre el racismo y a ver si pensaban que cada vez que les molestara algo iban a pronunciar la palabra mágica. Y es que algunos han descubierto que llamándonos racistas pueden conseguir lo que quieran. Lo malo de esto es que la primera nos sorprende, la segunda nos da que pensar pero a la tercera ya no les funciona el cuento.

Sobre el Manifiesto por la lengua común

No deja de extrañarme cómo es posible que gente autocalificada de izquierdas pueda estar de acuerdo con el ya famoso Manifiesto por la lengua común. Desde mi punto de vista este documento rezuma por todos los poros el nacionalismo español más reaccionario y recuerda sin remedio a la época de los coros y danzas.

1-Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas y merecedoras de protección institucional como patrimonio compartido, pero sólo una de ellas es común a todos, oficial en todo el territorio nacional y por tanto sólo una de ellas –el castellano- goza del deber constitucional de ser conocida y de la presunción consecuente de que todos la conocen.

Lo que están diciendo es que la única lengua que todos, incluidos los habitantes de las regiones bilingües, tienen la obligación de conocer es el castellano. ¿Por qué? Según esto las demás lenguas deben resignarse a ser a un “patrimonio compartido” término que podría admitir muchas interpretaciones pero que por el contexto de todo el manifiesto mucho me temo que exprese una reducción a patrimonio cultural, como los bailes regionales, la paella, las procesiones de Semana Santa y el Asturias patria querida.

2-Son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas.

Efectivamente, estoy de acuerdo en que son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, la cuestión es cómo se garantizan esos derechos. Si un individuo quiere ejercer el derecho de vivir en una lengua que además es oficial en su territorio tendrá que garantizarse que todos los aspectos de la vida de esa persona puedan realizarse en ese idioma. Cuidado que no estoy hablando de la imposición indiscriminada de una lengua, yo no puedo irme a vivir a Inglaterra y ejercer mi derecho de hablar francés, estamos hablando de territorios con dos o más lenguas OFICIALES por lo que todos los habitantes deberían tener la obligación de conocerlas. ¿O es que esto es la ley del embudo? Es lo que dice la siguiente premisa:

3-En las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua co-oficial, junto a la obligación de conocer la común del país (que también es la común dentro de esa comunidad, no lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta.

De modo que sí hay obligación de conocer una de las lengua oficiales, la española, pero no la otra, que se reduce a “un deseo encomiable”. Por tanto ya están anulando mi derecho lingüístico de ciudadano obligándome a conocer el español en una contradicción flagrante. Como ciudadano del estado español tengo la obligación de conocer este idioma, es decir, es el territorio en el que habito el que condiciona mi lengua y no al revés. Absurdo, sobre todo tratándose de territorios con DOS lenguas OFICIALES. Es decir, cuando se trata del castellano, si es el territorio y la lengua misma la que tiene derechos.

Es lógico suponer que siempre habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en castellano, conociendo sólo de la lengua autonómica lo suficiente para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de las manifestaciones culturales en ella.

También es lógico pensar que habrá muchos ciudadanos que prefieran desarrollar su vida cotidiana y profesional en las otras lenguas del Estado, y de hecho hay cientos de miles, conociendo el castellano lo suficiente como para convivir cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible de sus manifestaciones culturales. En realidad la disparidad entre estos dos deseos es abismal. Es imposible que en ninguna de las comunidades bilingües un ciudadano desarrolle su vida en la lengua minoritaria: Cine, TV, desconocimiento de la lengua minoritaria por parte de un amplio porcentaje de sus relaciones personales y laborales, medios de comunicación, y un largo etc.

Y volvemos nuevamente a lo que parece todo el leit motiv del manifiesto y su mayor contradicción: la reducción de las lenguas a su aspecto folklórico-cultural. Si no se estimula convenientemente el uso de un idioma que se ha convertido en minoritario por imposición política y factores sociales externos (como la inmigración a Euskadi y Cataluña desde los años 50) y no se implementan convenientemente las condiciones para que todos, TODOS, los habitantes de esa región puedan conocer y utilizar indistintamente las dos o más lenguas de su territorio vital, los aspectos culturales de esas lenguas desaparecerán con ellas. Y no estoy diciendo ninguna tontería. Según el informe de la UNESCO sobre lenguas, en España las únicas que no corren peligro son el castellano y el catalán, este último por pura cuestión numérica. Resumiendo, si no se discrimina positivamente al catalán el vasco, el gallego, etc. estos desaparecerán y por tanto no habrá manifestaciones culturales que “disfrutar”. A algunos les escandaliza eso de la discriminación positiva cuando se refiere a los idiomas, no importa que al mismo tiempo les resulte fantástico que se establezcan leyes que favorezcan la igualdad de la mujer, la integración de los inmigrantes, e incluso que se discrimine a un sexo por encima del otro en leyes como la de la violencia de género.

Que ciertas autoridades autonómicas anhelen como ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe no justifica decretar la lengua autonómica como vehículo exclusivo ni primordial de educación o de relaciones con la administración pública. Conviene recordar que este tipo de imposiciones abusivas daña especialmente las posibilidades laborales o sociales de los más desfavorecidos, recortando sus alternativas y su movilidad.

Bueno, un 15% de la población de Cataluña no tiene como lengua materna ni el castellano ni el catalán. Se supone que muchos de ellos forman parte de los estratos sociales “más desfavorecidos” lo que no ha recortado en absoluto sus alternativas laborales y de movilidad. Además hablan de la normalización lingüística como “imposiciones abusivas” sin darse cuenta de que todo este manifiesto expresa la histórica imposición abusiva del castellano sobre las lenguas minoritarias de Estado.

4-Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la Constitución establece que “las distintas modalidades lingüísticas de España son un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección”. Nada cabe objetar a esta disposición tan generosa como justa, proclamada para acabar con las prohibiciones y restricciones que padecían esas lenguas. Cumplido sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude constitucional y una auténtica felonía utilizar tal artículo para justificar la discriminación, marginación o minusvaloración de los ciudadanos monolingües en castellano en alguna de las formas antes indicadas.

Esta última premisa ya es delirante. Volvemos a la mención de patrimonio cultural, y añaden además, cómo se les ve el plumero, que esta protección es “generosa”, como si fuera una gracia que concede el estado central a los pobres hablantes de otras lenguas que no sean el castellano y que básicamente sirve para acabar con su prohibición, no para estimularlas. Evidentemente si el objetivo era que no permanecieran prohibidas, éste se ha “cumplido sobradamente”. Además, no creo que en comunidades con varias lenguas OFICIALES deba haber ciudadanos monolingües y si es así, los individuos, que son los que tienen los derechos lingüísticos podrán decidir, digo yo, qué única lengua quieren adoptar como propia. Pero no, como individuos tenemos derecho a decidir la lengua, pero la obligación de conocer el castellano. ¿Otra vez la ley del embudo?

Finalmente, a partir de las premisas se llega a unas conclusiones, como no podía ser menos. Lo curioso es que estas conclusiones no me parecen tan descabelladas, pero es que da la sensación de que no tienen nada que ver con el punto de partida expresado en todo lo anterior.

1-La lengua castellana es común y oficial a todo el territorio nacional.

2-Todos los ciudadanos que lo deseen tienen derecho a ser educados en lengua castellana (y en la co-oficial en cada comunidad habría que añadir)

3-En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano español tiene derecho a ser atendido institucionalmente en las dos lenguas oficiales.

4-La rotulación de los edificios oficiales y de las vías públicas, las comunicaciones administrativas, la información a la ciudadanía, etc. en dichas comunidades (o en sus zonas calificadas de bilingües) es recomendable que sean bilingües.

5-Los representantes políticos, tanto de la administración central como de las autonómicas, utilizarán habitualmente en sus funciones institucionales de alcance estatal la lengua castellana.

Lecturas recomendadas:

Los hablantes de euskera que decidieron no serlo

La lengua: desafío de la democracia española

Venganza telefónica

 -¿Dígame?

-Buenos días, ¿Es usted el titular de la línea de teléfono?

-Sí, soy yo mismo

-¿Me puede decir su nombre por favor?

José Luis.

-Señor José Luis, le llamo de Telefónica para ofrecerle una promoción consistente en la instalación de una línea adicional en su casa, donde usted tendrá derecho a…

-Disculpe la interrupción señorita pero, exactamente ¿quién es usted?

-Mi nombre es Silvina Maciel, de Telefónica y estamos llamando…

-Silvina, discúlpeme, pero para nuestra seguridad me gustaría comprobar algunos datos antes de continuar la conversación ¿Le importa?

-No tengo problemas señor.

-¿Desde qué teléfono me llama? En la pantallita del mío solo pone “NUMERO PRIVADO”

-El interno mío es el 1004

-¿Para qué departamento de Telefónica trabaja?

-Telemarketing Activo

-¿Me podría dar el número de trabajadora de Telefónica?

-Señor, disculpe, pero creo que toda esa información no es necesaria…

-Entonces lamentablemente tendré que colgar, porque no tengo la seguridad de hablar con una trabajadora de Telefónica

-Pero yo le puedo garantizar…

-Vea Silvina, cada vez que yo llamo a Telefónica, antes de poder comenzar cualquier trámite, estoy obligado a dar mis datos a toda una legión de empleados…

-Está bien Señor, mi número es el 34591212

-Un momento mientras lo verifico, no se retire Silvina… (Dos minutos) Un momento por favor, toda la gente en casa se encuentra ocupada…. (Cinco minutos)

-¿Señor?

-Un momento por favor, toda la gente en casa se encuentra ocupada….

-Pero… Hola Señor…

-Sí Silvina, gracias por la espera, nuestros sistemas están un poco lentos hoy… ¿Cuál era el asunto de su llamada?

-Lo llamo de Telefónica, estamos llamando para ofrecerle nuestra promoción “Línea Adicional”, en la que usted tiene derecho al uso de otra línea a muy bajo costo. ¿Usted estaría interesado José Luis?

-Silvina, le voy a comunicar con mi mujer, que es la encargada de la Sección de Adquisición de Productos; por favor, no se retire. (Coloco el auricular del teléfono delante de un grabador y pongo el CD de Caribe Mix 2004) Después de ¡¡¡2 MINUTOS!!! mi mujer atiende el teléfono.

-Disculpe por la espera, me puede decir su teléfono pues en la pantallita del mío solo aparece “NUMERO PRIVADO”.

-1004

-Gracias, ¿Con quien estoy hablando?

-Con Silvina

-¿Silvina qué?

-Silvina Maciel (ya demostrando cierta irritación en la voz)

-¿Cuál es su número de trabajadora de Telefónica?

-34591212 (mas irritada todavía)

-Gracias por la información Silvina, ¿en que puedo ayudarla?

-La llamo de Telefónica, estamos llamando para ofrecerle nuestra promoción “Línea Adicional”, en la que usted tiene derecho a otra línea. ¿Estaría interesada?

-Voy a ingresar su solicitud en nuestro programa de Nuevas Adquisiciones y dentro de algunos días nos pondremos en contacto con usted. ¿Puede anotar el numero de ingreso al programa por favor?… ¿hola?, ¿hola?

- TU…TU…TU…TU…


Me lo ha enviado un amigo por correo electrónico. Espero que no tenga copyright porque es buenísimo. En caso de que sí lo tenga, disculpas de antemano.

 

La vejez aviruelada

No voy a hablar de los viejos que casi todos tenemos en casa, gente sencilla y poco dada a los excesos cuya mayor felicidad es recibir a sus hijos y nietos y homenajearles con la charla y la croqueta celestial. La charla puede ser a veces un monólogo pesado e interminable al que sólo podemos asentir resignadamente, pero la croqueta y el cariño nunca fallan. Sin embargo hoy me gustaría hablar de esa otra vejez asilvestrada y bullanguera que va de vacaciones del Imserso a Benidorm y acude a bailes y saraos. Mi tesis es que al desarrollar su vida social fuera del ámbito familiar, donde la máxima es la entrega desinteresada, esta otra vejez saca a la luz lo peor de la naturaleza humana. Y digo esto tan fuerte y sin anestesia porque a mi experiencia personal de algunos años, que inmediatamente pasaré a contar sin que nadie lo remedie, se une ahora la de una amiga, trabajadora social, que ha comenzado su labor en un club del jubilado.

La pobre lleva veinte días y ya no puede más. Me cuenta que las hachas de guerra vuelan por la salas del local, todos tienen piques con todos; se cogen los periódicos y aunque los hayan leído de cabo a rabo les dicen a los demás que no han terminado; ocupan las mesas de cartas para que otros no jueguen; hacen grupos excluyentes que se critican mutuamente y además le van con los chismes a todo el que no tenga más remedio que escuchar. Han puesto una máquina de bebidas a la que los empleados deben dedicar una buena parte de la jornada ya que los mismos que pueden hacer las más complicadas labores de ganchillo y puntocruz o jugar al mus como tahúres, son incapaces de meter la monedita y elegir un refresco.

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Dicen que son peores que los niños porque al egoísmo extremo se une la malicia y la experiencia, y yo me lo creo. Uno de los actos de las fiestas de mi ciudad es una comida que se ofrece a los mayores de 65 años. La reserva se hace por orden de inscripción hasta el final de las plazas. Además, si han participado el año anterior sólo tienen derecho a la entrada si quedan sitios libres, así se garantiza que no coman los de siempre. Esa es la teoría, y cualquier ser racional asumiría que si estuvo anteriormente tendrá que esperar a que terminen las inscripciones de los nuevos. Pero no. Todos los años acuden unos cuantos con su DNI e intentan por todos los medios, algunos incluso no muy legales (carnets de familiares fallecidos y cosas por el estilo) obtener su ansiado pase. Primero acuden como que no quiere la cosa. Cuando el empleado les dice que figuran el la lista y que tendrán que esperar unos días, a ver si quedan plazas, empiezan a apelar a los sentimientos del funcionario público y le mentan a la madre. Como esto no funciona empiezan a acordarse de su padre y finalmente abandonan la fila nombrando a toda la familia. Algunos incluso lo intentan más de una vez.

Pero lo peor no queda ahí, no. Lo peor viene el propio día de la comida. La hora de acceso al recinto suele ser la una del mediodía. Quizás alguno piense que exagero si digo que la fila empieza a formarse a las seis de la mañana y que unas horas antes de la entrada ya da la vuelta a la manzana. Puede que parezca que exagero todavía más si digo que el momento de la apertura de puertas es más peligroso que un encierro en Sanfermines y no hay heridos de puritito milagro. Los insultos, empujones, zancadillas y codazos son lo normal. Finalmente, tras el ágape, hay baile con orquesta en directo y bebidas gratis. Y aquí se repite año tras año un extraño ritual: acude, por ejemplo, el señor X. Pide dos refrescos. Pregunta cuánto valen. Se le dice que nada. Entonces dice: “dame cuatro más”. Se le entregan los cuatro. Entonces dice: “estos cuatro no me los abras que ya lo haremos en la mesa”. Se le dice que a menos que tengan un abridor en la mesa lo va a tener difícil y se le entregan abiertos. El señor X se enfada y se va refunfuñando. Cuando todo acaba hay cientos de botellas sin beber encima de las mesas.

Estos son sólo algunos ejemplos de ese egoísmo del que hablo. No cuento más por no alargarlo. Se trata de una minoría, pero es precisamente esa que podría despertarnos más admiración desde fuera, la que no se encierra en casa y no se limita a la vida familiar. La que asalta los buffets de los hoteles como si no hubieran comido nunca o se pegan por entrar los primeros a un teatro con el ticket en la mano. Y si les pides un poquito de por favor te nombran la guerra. La civil, claro.